El atrapamiento del nervio radial es una neuropatía periférica que, aunque menos conocida que otras como el síndrome del túnel carpiano, puede generar dolor persistente, debilidad y limitaciones funcionales importantes en el miembro superior. Su diagnóstico no siempre es sencillo, ya que con frecuencia se confunde con otras patologías del codo, especialmente la epicondilalgia lateral o codo de tenista.
Desde el punto de vista de la fisioterapia, comprender el recorrido del nervio, los mecanismos de lesión y las estrategias de tratamiento es fundamental para ofrecer una intervención eficaz y basada en la evidencia.

¿Qué es el nervio radial y cuál es su función?
El nervio radial es una de las principales ramas del plexo braquial, formado por las raíces nerviosas cervicales C5 a T1. Su función es tanto motora como sensitiva:
- A nivel motor, permite la extensión del codo, la muñeca y los dedos.
- A nivel sensitivo, recoge información del dorso del brazo, antebrazo y mano.
Su trayecto es relativamente largo y complejo, lo que lo hace vulnerable a compresiones en distintos puntos. Tras recorrer la parte posterior del brazo, atraviesa la región del codo, donde se divide en:
- Rama superficial (principalmente sensitiva)
- Rama profunda o nervio interóseo posterior (principalmente motora)
Zonas más frecuentes de atrapamiento
El atrapamiento del nervio radial puede producirse en varios puntos, siendo los más relevantes:
1. Surco del nervio radial (húmero)
Zona donde el nervio rodea el húmero. Es susceptible a compresión por traumatismos o presión prolongada.
2. Región del codo (túnel radial)
Área anatómica donde el nervio atraviesa estructuras musculares y fibrosas. Aquí se localiza el denominado síndrome del túnel radial.
3. Arcada de Frohse
Es el punto más frecuente de compresión. Se trata de un arco fibroso en el músculo supinador que puede generar una presión significativa sobre el nervio.

Causas del atrapamiento del nervio radial
El atrapamiento suele estar relacionado con una combinación de factores mecánicos, repetitivos y posturales. Entre los más habituales destacan:
- Movimientos repetitivos de extensión y supinación del antebrazo (tenis, pádel, trabajo manual)
- Sobrecarga muscular crónica, especialmente del músculo supinador
- Microtraumatismos repetidos
- Traumatismos directos en brazo o codo
- Compresión externa mantenida, como dormir sobre el brazo (“parálisis del sábado noche”)
- Uso prolongado de herramientas vibrátiles o manuales
- Alteraciones biomecánicas del miembro superior
También puede aparecer tras cirugías o en contextos inflamatorios que reduzcan el espacio disponible para el nervio.
Síntomas más frecuentes
Los síntomas pueden variar según el nivel y la gravedad de la compresión, pero suelen incluir:
Dolor
- Localizado en la cara lateral del codo o en el antebrazo.
- Dolor profundo, difuso y a veces difícil de localizar
- Empeora con la actividad repetitiva.
- Puede irradiarse hacia la muñeca.
Debilidad muscular
- Dificultad para extender la muñeca y los dedos
- Sensación de pérdida de fuerza al agarrar objetos
- En casos graves, aparición de la “mano caída”.
Alteraciones sensitivas
Hormigueo o entumecimiento en el dorso de la mano (menos frecuente en atrapamientos profundos)
Fatiga y sobrecarga
- Sensación de cansancio en el antebrazo
- Dolor al realizar movimientos repetitivos
Diagnóstico diferencial: un aspecto clave
El atrapamiento del nervio radial es una patología que se sobrediagnostica o infradiagnostica con frecuencia debido a su similitud con otras lesiones.
- Principales patologías con las que se confunde:
- Epicondilalgia lateral
- Radiculopatía cervical
- Síndrome del túnel carpiano
- Neuropatía del nervio cubital
- Lesiones musculares del antebrazo
- Claves para diferenciarlo:
- Dolor más distal que en la epicondilalgia
- Dolor a la palpación en el túnel radial, no en el epicóndilo.
- Dolor al realizar supinación resistida
- Pruebas de tensión neural del nervio radial positivas
- Menor implicación tendinosa
El diagnóstico es principalmente clínico, aunque en algunos casos se recurre a pruebas complementarias como la electromiografía.
Tratamiento desde la fisioterapia
El tratamiento conservador es la primera línea de intervención y suele ser altamente eficaz cuando se aplica de forma adecuada.
1. Educación del paciente
Es fundamental explicar el origen del problema y modificar los factores desencadenantes:
- Reducción de actividades repetitivas
- Ajustes ergonómicos
- Control de la carga
2. Terapia manual
Las técnicas manuales ayudan a reducir la compresión y mejorar la movilidad:
- Liberación miofascial del músculo supinador y extensores
- Masoterapia profunda
- Técnicas de deslizamiento tisular
3. Neurodinamia
La movilización neural es uno de los pilares del tratamiento:
- Ejercicios de deslizamiento del nervio radial
- Mejora de la movilidad y elasticidad neural
- Reducción de la sensibilidad al movimiento

4. Ejercicio terapéutico
El ejercicio es clave para la recuperación funcional:
- Fortalecimiento progresivo del antebrazo
- Ejercicios excéntricos
- Trabajo de control motor
- Reeducación del gesto
5. Agentes físicos
Como complemento al tratamiento activo:
- Electroterapia analgésica
- Crioterapia en fases inflamatorias
- Termoterapia en fases crónicas
6. Abordaje global
Es importante valorar toda la cadena funcional:
- Hombro
- Escápula
- Columna cervical
Evolución y pronóstico
El pronóstico suele ser favorable cuando el tratamiento se inicia de forma precoz. En la mayoría de los casos:
- Mejora en pocas semanas
- Recuperación completa en 6 a 12 semanas
Factores que pueden empeorar el pronóstico:
- Cronificación del problema
- Falta de adherencia al tratamiento
- Mantenimiento de la causa mecánica
En casos resistentes, puede valorarse la cirugía descompresiva, aunque es poco frecuente.
Prevención: estrategias clave
La prevención es especialmente importante en personas con actividades repetitivas o deportivas.
Recomendaciones principales:
- Evitar sobrecargas repetitivas sin descanso.
- Introducir pausas activas
- Mejorar la ergonomía laboral
- Realizar ejercicios de fortalecimiento del antebrazo.
- Progresar adecuadamente en la carga deportiva.
- Trabajar la movilidad neural de forma preventiva.
Importancia del diagnóstico precoz
Un aspecto fundamental en el atrapamiento del nervio radial es su detección temprana. Cuanto antes se identifique el problema:
- Menor será la irritación neural.
- Más rápida será la recuperación.
- Menor riesgo de cronificación
El retraso en el diagnóstico puede llevar a tratamientos ineficaces centrados en otras estructuras, como el tendón, sin abordar el componente neural.
En conclusión, el atrapamiento del nervio radial es una patología compleja que requiere una valoración clínica precisa para diferenciarla de otras lesiones del codo y antebrazo. A pesar de ello, cuando se identifica correctamente, el tratamiento desde la fisioterapia ofrece resultados muy positivos.
La combinación de educación, terapia manual, neurodinamia y ejercicio terapéutico constituye la base de un abordaje eficaz. Además, la prevención y el control de los factores de riesgo son esenciales para evitar recaídas.
Un enfoque integral y personalizado permite no solo aliviar los síntomas, sino también restaurar la funcionalidad y mejorar la calidad de vida del paciente.
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https://doi.org/10.1302/2058-5241.3.170063
Preguntas frecuentes:
Los síntomas principales incluyen:
Dolor: Localizado en la cara lateral del codo o en el antebrazo. Es un dolor profundo, difuso, a veces difícil de localizar, que empeora con la actividad repetitiva y puede irradiarse hacia la muñeca.
Debilidad muscular: Dificultad para extender la muñeca y los dedos, sensación de pérdida de fuerza al agarrar objetos y, en casos graves, la aparición de la denominada «mano caída».
Alteraciones sensitivas: Hormigueo o entumecimiento en el dorso de la mano.
Fatiga: Cansancio y dolor en el antebrazo al realizar movimientos repetitivos.
El atrapamiento se produce por factores mecánicos, repetitivos o posturales que comprimen el nervio en puntos vulnerables como el surco del nervio radial (en el húmero), el túnel radial o la Arcada de Frohse. Entre las causas más frecuentes se encuentran:
Movimientos repetitivos de extensión y supinación del antebrazo (deportes como tenis o pádel y trabajo manual).
Sobrecarga muscular crónica (especialmente del músculo supinador) y microtraumatismos.
Traumatismos directos en el brazo o codo.
Compresión externa prolongada, como dormir sobre el brazo («parálisis del sábado noche»).
Uso continuado de herramientas manuales o vibrátiles.
Alteraciones biomecánicas, inflamaciones o secuelas tras cirugías.
A diferencia de la epicondilalgia lateral, el atrapamiento del nervio radial presenta las siguientes claves diagnósticas:
El dolor se ubica en un punto más distal que en la epicondilalgia.
Se genera dolor a la palpación en la zona del túnel radial y no directamente en el epicóndilo.
Aparece dolor específico al realizar una supinación resistida.
Presenta pruebas de tensión neural del nervio radial positivas y suele tener menor implicación de los tendones.
El tratamiento conservador mediante fisioterapia es la primera línea de intervención y abarca:
Educación y ergonomía: Ajustes posturales, control de la carga y modificación de actividades repetitivas.
Terapia manual: Liberación miofascial del músculo supinador y extensores, masoterapia profunda y deslizamiento tisular.
Neurodinamia: Ejercicios de deslizamiento neural para reducir la sensibilidad, mejorando la movilidad y elasticidad del nervio.
Ejercicio terapéutico: Fortalecimiento progresivo, ejercicios excéntricos y reeducación del movimiento.
Agentes físicos y abordaje global: Electroterapia analgésica, termoterapia o crioterapia, evaluando además articulaciones adyacentes como hombro, escápula y columna cervical.
Tiempo de recuperación: Si el tratamiento se inicia de forma precoz, suele observarse mejoría en pocas semanas y una recuperación completa entre 6 y 12 semanas.
Estrategias de prevención: Para evitar recaídas o la aparición del cuadro, se recomienda pausar las sobrecargas repetitivas, realizar pausas activas, ajustar la ergonomía laboral, fortalecer progresivamente la musculatura del antebrazo y realizar ejercicios de movilidad neural.
Autora: Paula del Toro Eguiluz. Fisioterapeuta especializada en dolor musculoesquelético y ejercicio terapéutico. CPFCM nº col. 16002.


