Fisioterapia en proceso de Artrosis

La artrosis es un trastorno crónico y degenerativo del cartílago articular. El desgaste es más frecuente en articulaciones que soportan peso como las rodillas, caderas o columna vertebral.
Fisioterapia proceso Artrosis

La artrosis es un proceso degenerativo, el cartílago articular se va desgastando progresivamente por efecto natural del movimiento, de las continuas cargas, presiones e impactos a los que se ve sometido durante toda nuestra vida. Frenar su progresión es muy difícil, sin embargo, se pueden tomar algunas medidas y evitar algunas otras encaminadas a ralentizar su desarrollo, mejorar la calidad de vida y sobre todo disminuir el dolor.

Se debe tranquilizar al paciente, sobre todo en relación a la evolución de la enfermedad, generalmente benigna. Se deben explicar las características de «desgaste articular» de este proceso. Es necesario insistir en que la aparición de una artrosis no significa que se vaya a progresar a una invalidez, sino que la evolución es lenta y en la mayoría de las personas poco agresiva. El curso puede ser enlentecido si se restablece el equilibrio entre los requerimientos mecánicos articulares y la capacidad funcional de la articulación. La educación sanitaria debe tener como objetivo enseñar al paciente a vivir de acuerdo con sus articulaciones y a evitar sobrecargas, corregir posturas incorrectas y realizar el ejercicio adecuado.

El reposo debe indicarse en los episodios agudos de dolor como la primera medida. El reposo nocturno mínimo debe ser de 8 horas y es además recomendable intercalar durante el día períodos de descanso. La inmovilización prolongada, por contra, no está recomendada ya que favorece la progresión de la artrosis, tan sólo con ejercicio regular 1 o 2 veces a la semana disminuye la evolución del proceso y mejora los sintomas. La disminución de peso en los obesos es muy aconsejable ya que también mejora los síntomas.

El objetivo es mejorar el dolor y la capacidad funcional articular. La fisioterapia se basa principalmente en el uso del calor y de un programa de ejercicios activos y/o posturales.

El calor que se aplique puede provenir de diferentes fuentes, como infrarrojos, diatermia, parafina líquida o bolsas de agua caliente. Su uso está contraindicado en aquellos pacientes que sean portadores de artroplastias con componentes metálicos o en aquellas zonas con irrigación deficiente o trastornos de la sensibilidad. Los métodos más elementales y baratos de aplicación del calor son tan eficaces o más que los caros y complicados. En ocasiones, el calor puede incrementar el dolor. En algunos casos el frío aplicado localmente puede ser un buen analgésico.